Anclajes

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Lina Scheynius

domingo, 11 de octubre de 2020

Sueño Lúcido

 Entre en relación, mejor dicho, nací en relación con todo ésto.

Mi relación con los árboles me llena de movimiento y quietud.

Mi relación con el cielo me expande por toda la tierra viva.

Mis relaciones afectivas me ayudan a ejercitar el corazón, 

le otorgan lenguaje; me dan un abanico de sentimientos, emociones,

 impulsos, deseos y hamacan mi mente en constante atención.

En relación me entendí parte de la totalidad.



Las paredes latían conteniendo el grito silencioso de una figura humana. Pude ver la sombra desde varios puntos de vista, como una cámara de filmación creando diversos planos, pero sin poder acercarme y abrazar el llamado de atención de esa figura. En un suspiro aparecí caminando por las calles que rodean su casa. Mi corazón latía rápidamente, sentía un nudo en el estómago, la sangre jugaba carreras por mis venas. Podía percibir todo eso, y predecir que aparecería en cualquier momento. Me asusté, doble hacía la derecha, el corazón me dolía, pero mi mente indicaba que era la mejor opción. Desperté dentro de esos movimientos, y decidí hacer lo que en el plano de la realidad aún no puedo. 

Tomé la calle que me llevaría a su casa. No podía respirar, pero la lucidez que tenía, me permitió comprender que en ese espacio todo era posible, y que podía hacer lo que quisiera con confianza. Toqué el timbre de su casa, todo era igual que en la realidad, su voz salió por el portero eléctrico, y preguntó:-"¿quién es?". Silencio, se me paró el corazón, todo parecía tan real, que me quedé muda. Continuó rellenando ese silencio:- "Ya sé quién sos, te estaba esperando. No te vayas, salgo en un minuto". Escuché los pasos de él acercándose para abrir la puerta. 

La puerta se abrió, y su imagen idéntica a la primera vez que lo ví, me miró y sonrió. La emoción de sentirlo tan cerca, hizo que lo abrazará, que le dijera todo lo que sentía especialmente que lo extrañaba. No sé cómo pero derrepente estábamos caminando por diversos paisajes. Un parque, una plaza, un bosque, en pequeños espacios que me recuerdan al Lago Puelo, un patio, una casa que no me era familiar. Ahora sólo recuerdo que mientras caminábamos, hablábamos, pero no recuerdo las palabras exactas, ni todos los temarios. Tengo grabada la sensación de familiaridad al tenerlo cerca, un estado de bienestar que no estaba sintiendo hacía tiempo. Sabía que era un sueño, en el cual estaba despierta, así que traté de extenderlo lo máximo posible.

Él parecía tan real, algo diferente de lo que lo recordaba, más liviano, etéreo y eso me mantenía tranquila. Antes de que terminará, lo miré a los ojos, se me cayeron algunas lágrimas, y le pedí que recuerde que él era para mí una pieza de los momentos más hermosos vividos, que mi corazón aún mantiene su lugar, y que siempre estará en mí todo ese Amor que supo dar sin saberlo, y que gracias a todo lo transitado juntos pude sanar lo que no veía.

Ahora escribiendo todo el ensueño, todo ese viaje onírico estando despierta, me vuelven las sensaciones al retratarlo con palabras, y puedo entender lo que está más allá de las líneas, la creación de una existencia viviendo el Amor. Existen muchos sueños que recuerdo, que me envían mensajes, que me hablan de lo que no veo, pero en los que puedo tomar conciencia que los habito, me ofrecen una libertad diferente a la que construyo en el plano material. Esos sueños en lo que decidí el accionar, desperté, me expanden hacia el encuentro con mi origen. Un sueño lúcido es mi llave para conectar con el universo creador.


LSR

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