Pienso y no sé que pienso.
Hablo y no sé que hablo.
Escribo y no sé que escribo.
Esta forma de decir sin decir, es la que manifiesta la totalidad existente,
ni una cosa, ni la otra.
Hace tiempo vengo observando mis movimientos, elecciones, relaciones, proyectos, en los cuales existe un punto de fuga en común, al que hoy le pongo atención. Hay una necesidad en mi ser de autoexpresarse por medio de diversos lenguajes, espacios y tiempos. En medio de un estado pandémico, extraído de un relato de Ciencia Ficción, he vuelto a mi herramienta más preciada que es la palabra.
Desde pequeña me he expresada por medio de la palabra, a veces en exceso, para retratar lo que sentía, quería, imaginaba; la conexión más directa al interior de unx otrx, en la infancia, la sentía en el diálogo profundo. Mis padres nunca fueron demasiado demostrativos, asociando esa demostración a una cuestión física, en la infancia, sería el abrazo, el beso, las palabras demostrativas de afecto; pero me enseñaron a encontrar la demostración en otros actos de Amor, uno de ellos era la escucha con atención. Este aprendizaje lo encuentro reproducido en cada vínculo que construyo. Una parte de mi ser, coloca atención a las personas que quiero, una escucha sincera con el corazón abierto, y ante todo sin juicio.
El juicio no es Amor. Ese es otro gran aprendizaje que obtuve de las experiencias de relacionarme con otrxs.
Lxs amigxs, los amantes, lxs colegas, lxs compañerxs, son los espejos que me han devuelto una mirada más profunda de mi ser. Cada día agradezco desde el fondo de mi corazón, el cruce físico con cada unx, porque he allí la clara representación de la conexión que existió, existe y/o existirá. En esos reflejos empiezo a ver los actos de Amor.
Creo que en un diálogo profundo real, las palabras no son de unx, a pesar que salgan de nuestras bocas. Existe en ese encuentro físico, un encuentro de almas, que trascienden los límites del cuerpo, el espacio, el tiempo. Es como sí "algo" se manifestará por medio de las palabras, creado en sintonía a las vibraciones de las personas involucradas en el diálogo, y regalará un entendimiento entre las partes que los lleva a un estadio de gozo y gloria. Cuando estamos en presencia de esa conexión, de ese nivel de entendimiento, de esa atención flotante, la sensación de plenitud que se experimenta no tiene descripción en palabras. Es como hablar chino mandarín, y estar perdido en Italia, sin saber pronunciar una palabra en italiano; pero derrepente por una de esas "casualidades(causalidades)" nos encontramos a otras personas que hablan el mismo lenguaje. Derrepente entrar en ese entendimiento, nos permite respirar tranquilos, sentir pertenencia, nos brinda seguridad.
Para algunxs el Amor puede ser todo aquello que se asemeje al mundo construído en relatos a modo Disney o telenovelas de producciones latinoamericanas. Puede significarles posesión, guerra, destrucción, supresión, pero el Amor está muy alejado de todo eso. No hay definición de diccionario que nos diga qué es el Amor, tampoco un manual, que nos indique que pasos seguir para construirlo, pero existe una pequeña campana en nuestro interior que es tocada frente a un acto de Amor. Esa campana es nuestra intuición, que no es lo mismo que el instinto, uno pertenece al fino equilibrio entre el saber y el sentir; y el otro, al estado más salvaje del ser humano. En nombre de uno se toman sabias decisiones, en nombre del otro, se mata para sobrevivir.
Esta reproducción sin escalas de la escucha, es un acto de Amor, que nos permite trascender la individualidad. No es lo mismo oír, que escuchar, uno es un acto reflejo, el otro es un acto con atención, presencia, apertura. Para que exista un diálogo profundo, sincero y real, el Amor debe estar presente, porque es donde el ego se corre a un lado y se entra en comunión con lxs hablantes. Podemos practicar este acto de amor sin limites, con nuestrxs amigxs, pareja, familia, desconocidxs, compañerxs de trabajo, con lo imaginable e inimaginable.
LSR
No hay comentarios:
Publicar un comentario