Anclajes

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Lina Scheynius

lunes, 1 de junio de 2015

La pausa

No fuiste el momento, no fuiste esos nombres, no fuiste ni la mitad de lo que me esperaba. Lamentablemente no fuiste el roble que buscaba, para terminar sentada sobre su tronco. Lamentablemente no sos nada.
Tocar el timbre, caminarlo, abandonarlo y tratar de no quemarme viva en zonas desconocidas. Todo se resume en eso, en cuatro lineas sin conciencia real.
Abrir una puerta, gritar desde afuera, sin ecos devueltos. Mirar desde afuera, como cambiaba el decorado. Cerrar la puerta, sin entrar. Cerrar la puerta, sin ver atrás. Sentir desde acá, que fue la mejor opción ante una guerra mundial.
¿Por qué destruirme en totalidad, sin una razón real? Sos mi espejo, y seré el tuyo, porque las fuerzas desconocidas nos han develado; pero jamás seré la que ahora está. Me volveré viento, imagen, recuerdo. Me verás en sueños, instintos de atracción, en palabras reproducidas. Volveremos a cruzarnos, en algún puente lejano, tendremos un nuevo tiempo para matarnos. La guerra aniquila, la guerra nos abre necesidades, la guerra se lleva una parte, coloca una nueva y a seguir peleando.
Al final, en una que otra post-guerra, nos tendra sentados en caida libre al abismo. Y en una de ellas, terminaremos partidos y unidos hasta el momento final de acabar siendo cenizas.
Mi ojo de águila, me a devuelto tu imagen en otro paisaje. Tan bello, perverso y herido. Sin hambre de niño. Un caballo trastocado por la realidad. Un fuego, el fuego. Veré tus manos, lamere tus pomulos, te tendré dentro mio, como a esa canción. Tus ojos, tus lunares, serán mi perdición. Ni otra vida, para esperarte. Alto al suicidio, me grito tu voz. Me corte y sali corriendo. Ahora soy una casa vacia, a la cual ocupar.

L.S.R.



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