Mi madre, junto a mi padre, habían cultivado mi imaginación pero sin darse cuenta, la fantasía se enredo al tallo. Y ahora sueño con aquello que deseo extirpar de mi mente.
Es rico sentir como deseo un momento con su presencia, pero he de esperar que el deseo sea mutuo. Las luces de la calle, los autos y los mil timbres, me dan apetito. Hambre de saber cómo está, qué se cruza por esa mente, qué agita ese corazón...
Por momentos, al tratar de darle un sentido a los sentimientos que emanan al volver al recuerdo, mi mente trata de convencerme que con la magia de la ciencia podré deducirlo y arrancar esos deseos. La emoción que transporta mi estómago a la punta de la lengua, al pensar que está cerca, me hace dudar; y haber tomado la decisión de olvidar, se desvanece, al menos pierde el peso, como un alma que deja un cuerpo. De nada sirve alejarse, tratar de borrar el mínimo conocimiento del otro, cuando el cuerpo va en contra.
Maldecir el hechizo, la incomprensión, ya no tienen lugar a existir. Todo pareciera decir, que dejar pasar el tiempo es una clave fundamental.
Entrar y salir de otros cuerpos, otras sábanas, no funcionaron como lo esperaba. Llegue a pensar que si tocaba la realidad, aquello se iría, dándome la razón de que todo no es más que una fantasía. Una canción, una palabra, un gesto, una enseñanza, un descubrimiento, cada tanto, lo trajo al presente sin estar.
Los sueños producen la fiebre que alimenta esa ausencia. Ay, ¿cuál fue la palabra, el momento, que me lanzo al hechizo de un ser? Si lo descubriera, quiero creer, que tal vez podría quitarlo.
Subiendo al subte, escuche una canción a lo lejos, que declaraba "...Me callo porque es más cómodo engañarse. Me callo porque ha ganado la razón al corazón. Pero pase lo que pase,y aunque otro me acompañe, en silencio te querré tan sólo a tí." y sentí que hablaba por mi.
L.S.R.
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