¿Qué generas, qué tenes, qué moves, qué deseas, qué incorporas, qué medís, qué temes, qué queres...?
Fragmentos unidos por un adherente invisible a simple vista. Un dualismo, aparente, ante la mirada de un cerebro pensante. El cerebro, no es más ni menos, que un agregado al todo. Caer en una de sus partes es autoengaño, no se conduce sin motor, sin ruedas, sin asiento, se marcha con el todo.
Los antiguos griegos, según los relatos del mundo, habían logrado esculpir un cuerpo humano semejante a uno real; pero al notar que no les producía algún cambio interno, optaron por el engaño. Las esculturas que realizaron, luego de su primer y único logro de la realidad, eran diseñadas con exageración. Los músculos tienen tamaños irreales, que en la actualidad muchos anhelan poseer por medio de la facilidad que ofrece el medio; total si queremos algo, la ciencia lo puede construir y las instituciones lo venden. Lo absurdo del imaginario colectivo, es la búsqueda de una falsa perfección, es alcanzar lo inalcanzable, olvidando lo que está bajo los pies.
Sentí, ole, respira, toca, mira, morde, lame, llora, reí... sonrojate, enojate, escupí, grita, abraza, besa, perde la razón por el momento que valga la pena, es decir, en cualquier momento donde puedas sentirte vivo.
Existe modelo de cuerpo, belleza, porque existe todo aquello que se encuentra en tu imaginación, todo aquello proyectado que en realidad no está. Somos los artesanos de un mundo colectivo y uno individual. En el colectivo, no queda más que subirse, porque emprende viaje y puedes quedar en la nada; en cambio, en el individual, tu mundo, el Dios, el maestro, el aprendiz, el sabio, el ignorante, tantos roles como imagines, son caracterizados por el único escritor de aquel relato, vos.
Ama, cae, peca, venga, ayuda, soña, proyecta, realiza, busca, equivocate, acepta, insistí, hasta que realmente exista un día en que no lo puedas hacer más. Pensa en su andar sigiloso, enfrente de tus ojos y como respiras cuando su voz cae sobre tus oídos. No existe momento más claro, que el que aceptas la realidad, el sentir y por eso, eliges que todo fluya. Animal frente animal, piel sobre piel, sexo sobre sexo, unión temporal y eterna. Latido permitido, frente un oleaje de locura, de frenesí, sangre en ebullición, sin necesidad de los 100º, porque el paradigma no encaja en un acto natural. Devorar, desear la continuidad del hecho es el freno de la locura.
X:- La poesía no encaja conmigo.
Y:- ¿Por qué?
X:- Porque ante un eufemismo convertido en verso, prefiero el acto de morir devorando de tu piel. No soy paloma, soy cuervo, pero ello no quita que sienta todo lo que siento estando acá.
L.S.R.
No hay comentarios:
Publicar un comentario