Para el torrente sanguíneo del interior, que pertenece al espíritu, galopando.
Hay un torrente sanguíneo en el interior pidiendo a gritos atención. Se nos ha enseñado a ignorarlo para mantener la energía funcionando en un sólo lado. La mente, el pensamiento piramidal, embotado en el tráfico. Desequilibrio causado por la falta de mirada hacia lo profundo. No es necesario, en esta eterna búsqueda de expansión, colocar de un lado la mente, y del otro el alma, ambas polaridades se necesitan.
Cada alma ha elegido su aprendizaje en esta encarnación. Hay una sensación de tranquilidad, al creer que elegimos el nuevo camino, porque confiamos en nuestra elección. Pero el ego es tan meticuloso que se disfraza de liberación, autoengañando a su portador, y muchas veces en este caso la única forma de limitarlo es utilizando la mente. Afilar la mente como afilamos el alma. Para algunos la espiritualidad está de manera instintiva, es parte de sí mismo, por ello no es necesario ningún camino externo; en cambio, para otros, es el camino a transitar, para compensar aquello que internamente no está. Hay caminos como personas. No todo es como a simple vista, una imagen trivial puede convertirse en un infinito de posibilidades emocionales e interpretativas. La mente y el alma, desde un pensamiento dualista, son dos lados que dialogan, pero para una visión que va más allá de las polaridades, ambos lados son parte de lo mismo, es decir, que más que dialogar como elementos separados, se encuentran imantados creando un tercer integrante como es el ser.
LSR
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