Ya no hay anzuelo disfrazado, ya no hay hambre de momentos fugases, ya no hay fuerzas para padecer el dolor, sólo queda el motor para respirar, las ganas de nadar en sus aguas, aunque la gobernadora mental ordene pegar la vuelta.
Ya no hay actuaciones, ya no hay eufemismos, ya no carcome el futuro, el presente transforma en cenizas todo lo que pisa.
Ya no hay suspiros, sólo delirio. Ya no hay gritos internos, solo gritos en viva voz. Ya no hay proyección de estrellas, sólo un baile tenaz en lo alto. Ya no existe el miedo, los pies están seguros en el infierno vivo. ¿Dónde habrá más placer que cuando se tiene el pecho al viento y los pies en el fuego?
Ya no hay nada de todo aquello que me mantenía con el conformismo de ver siempre la misma película. Ya no importan los diálogos imaginarios, las vagas actuaciones, las nefastas justificaciones del no accionar. Una parte de mi piel a muerto, a dejado huella, a dado lugar al resto para que se nutra con la oscuridad. Ya no hay palabras, ya no hay más nada de todo aquello que habitaba en ese trozo de piel.
Hoy los pensamientos caminan solos, utilizan la percepción como guía y dejan a un lado los sentimientos. Los pensamientos han comprendido que si aman a alguien deben dejarlo ir, para que crezca de manera ilógica; por eso, han dejado a los sentimientos seguir su camino.
Y ahora, los sentimientos se expanden como el virus más voraz. Se come de apoco el cerebro, el hogar de la gobernadora mental y da a luz, una fuerza que actúa como "cosa nova" dentro de la carne animal.
Pujar, para no dejar. Luchar, para estar. Gritar, para exigir. Marchar, para borrar. Callar, para observar. Tocar, para existir. Construir, destruir, construir, destruir, construir, destruir ... Y así hasta cerrar los párpados.
La realidad no existe fuera de la convención de los simios. La libertad no existe, sin los limites. La verdad no existe, sin la mentira. Purificar no es limpieza, por momentos es sólo mugre desteñida. Tantos cambios, tantos ir y venir, hasta gastar el asfalto. Ya tanto a cambiado, ya tanto a terminado, ya los muros se han desestabilizado y sólo queda la enorme sensación de que el mundo es un extraño.
Ya nada es como lo fué, ni como lo es, ni mucho menos como será.
Conversación de X e Y, en medio del té, de las diez de la noche (té androide):
Y:- Ya me había cansado de caminar, y detenerme, de volver a caminar y detenerme nuevamente.
X:- ¿Y qué hiciste?
Y:- Lo había pensando, pero mi mente calculaba los pasos y no quería eso... por eso, me guié por mis sentimientos y ellos me empujaron a la marcha constante. Ya he tropezado varias veces pero el dolor de la caída, me ha elevado.
L.S.R.
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